Lo más difícil no fue enfrentar los momentos difíciles — eso ya había pasado. Lo más difícil fue dejar de usarlos como excusa para no crecer. Para seguir pequeño. Para no arriesgar.
Si algo aprendí en este camino es que las cicatrices no son señales de debilidad. Son mapas. Te muestran por dónde has caminado, qué tan lejos has llegado y, sobre todo, que sobreviviste algo que una vez creyste que no podrías.
Hoy me miro en el espejo y en lugar de ver lo que me falta, veo lo que he construido. No es perfecto. Pero es mío. Y eso es suficiente.