Durante años cargué el peso de lo que viví como si fuera mi identidad. Las cosas difíciles, las pérdidas, las decisiones que no tomé a tiempo — todo eso se convirtió en la historia que me contaba sobre quién era. Y esa historia me encogía.
Hoy entiendo que lo que me pasó es parte de mí, pero no es todo lo que soy. Descubrir eso tomó tiempo, lágrimas, y mucho valor para sentarme con lo que dolía en lugar de huir de ello.
Lo más difícil no fue enfrentar los momentos difíciles — eso ya había pasado. Lo más difícil fue dejar de usarlos como excusa para no crecer. Para seguir pequeño. Para no arriesgar.